Hoy me ha saltado en mi feed un reel del presidente de España cuestionándose por qué no tenemos aún las causas y consecuencias, bien descritas, de la endometriosis.
Pedro Sánchez hace bien en preocuparse. Gracias a ello el gobierno ha triplicado el presupuesto dedicado a la investigación y desarrollo de la salud de las mujeres. Dieciocho millones de euros se dedicarán a tal cuestión, cifra insuficiente, pero que contribuye al simbolismo del Estado de derecho y a un gobierno que a veces se parece a lo que llamamos “feminista”. Los ejes a financiar serán el dolor crónico, las enfermedades autoinmunes y tiroideas, la salud cardiovascular, mental y hormonal y la menopausia. «Se trata de paliar la desigualdad estructural en la investigación e innovación biomédica, que recorre toda la cadena del conocimiento: desde las preguntas que se formulan hasta las soluciones que llegan a las consultas y a los quirófanos».
Sin embargo, llama la atención que, de todas las cuestiones a investigar, el presidente se refiere a la endometriosis. No es una elección casual: además de afectar al 10% de la población femenina mundial y a una de cada siete mujeres en España, es una condición que las condena al dolor crónico, es inhabilitante y multisistémica.
En la endometriosis, el endometrio se implanta fuera de su lugar habitual, frecuentemente en los ovarios, las trompas de Falopio y la cavidad abdominal, pero también en otras partes del cuerpo más alejadas. Ha sido etiquetada como una enfermedad “enigma” o el “camaleón de la ginecología” debido a la carencia de conocimiento sobre su etiología y la amplia variabilidad de síntomas.
Hay una respuesta política detrás de la elección del discurso: la población española envejece, la natalidad disminuye y el gobierno tiene la responsabilidad de velar por los valores que le favorecen. El gobierno debe buscar métodos para incentivar la natalidad y al mismo tiempo debe desligarse, ahora más que nunca, de cómo lo hace la derecha. En pleno apogeo de leyes para reconocer al fetocomo parte del núcleo familiar y ponerle trabas al aborto legal y seguro, la izquierda se preocupa por los factores que anteceden a la reproducción, por las causas estructurales que hacen que una mujer no pueda tener hijos cuando decide buscarlo. La derecha se llama así misma provida, incentiva la objeción de conciencia, financia grupos religiosos que acosan a las mujeres que se deciden a abortar. La izquierda invierte, investiga, va más allá de lo fácil.
Alrededor de un 30-50% de las mujeres diagnosticadas de endometriosis presentan problemas de fertilidad. La implantación anómala del tejido endometrial fuera de la cavidad uterina provoca una reacción inflamatoria y libera sustancias que afectan diferentes etapas del proceso reproductivo, alterando, por ejemplo, la calidad del óvuloy la ovulación, la interacción con el espermatozoide o el desarrollo del embrión.
La enfermedad no sólo se trata de una condición poco entendida, sino de un fenómeno que evidencia limitaciones en el trato biomédico convencional y en la producción de conocimiento científico dominante. El paciente tipo históricamente ha sido hombre, los libros de medicina han sido escritos desde la perspectiva masculina, es por ello que el “dolor de regla”, como el del parto y otros muchos, han sido indebidamente normalizados, subcalculados y apenas estudiados. Tanto que hoy en día hacemos cirugías con un robot Da Vinci y tenemos editores genéticos, pero no conocemos las causas de la patología en cuestión. De este modo, la endometriosis se convierte en un microcosmos de la opresión sistémica que las mujeres enfrentan en múltiples frentes.
La aproximación feminista en las ciencias ha abierto cauces para repensar la endometriosis como una condición multisistémica, involucrando factores ambientales, endocrinos, inmunitarios y metabólicos. Así mismo se hizo con la resignificación del Síndrome de ovario poliquístico. A la luz de estos modelos alternos, terapéuticas más integrativas se encuentran en estado de prueba, involucrando el manejo interdisciplinar de la enfermedad, en armonía con ópticas no reduccionistas, entendiendo al cuerpo como una orquestación dinámica y contextualizada donde los procesos biológicos son inseparables de las condiciones de vida y el entorno.
Es por ello que escuchar al presidente de un país cualquiera referirse a la endometriosis en su discurso, es siempre una buena noticia, más allá de los maquiavélicos fines o de los desajustes de la ideología. Significa que algo se está haciendo bien, que la historia cambia, sobre todo cuando hay voluntad política, leyes y un Estado de derecho.